Observando la realidad


“Maremoto en el florero”, titula JorgeAsisDigital.
“Tormenta en el pocillo de café”, titula Ámbito Financiero.

Seamos moderados, el kirchnerismo se desmorona.
Por intermedio del Padre Piña, y con la inestimable colaboración del San Miguel Arcángel, el Cardenal Bergoglio lo empomó, con ostensible violencia, a Kirchner.
El vigor antimaléfico del San Miguel Arcángel terminó, para comenzar, con las aspiraciones reelectorales de tres gobernadores.
Rovira, de Misiones; Fellner, de Jujuy, y Solá, de Buenos Aires.
En cualquier momento, por el magnetismo del Arcángel caen también otras cabezas atornilladas sin convicción. Por ejemplo la de Alperovich, del Tucumán. Y de Maza, de La Rioja.
Incluso, hasta el artista gráfico Alberto Rodríguez Saa, gobernador del Estado Libre Asociado de San Luís, se manifiesta, de pronto, en contra de la reelección indefinida.
Que un Rodríguez Saa se pronuncie en contra de la reelección, es equivalente a que Elizabeth Taylor se pronuncie en contra el divorcio.
O que Cacho Castaña presida la Fundación de Asexuados.

Resulta entonces atendible la tesis elevada, en el Portal. En el texto, canónico, “Reeleccionismo Perverso”. Es el que trata, precisamente, del “Operativo Rajarse”.
Alude a los mecanismos que estimula la evasión del matrimonio presidencial.
Delicia escenográfica que debería ser evitada.
La tesis consiste en el presumible abandono, por parte de Kirchner, de sus posiciones de responsabilidad limitada.
La renuncia a reclamar la postulación por otro período de cuatro años. Al que tiene derecho.
También cuenta con atribuciones ilógicas para desecharlo. Consolidado en razones exiguas.
Derivaciones indeseables de sus nanas colónicas.
O la tendencia hacia el ejemplo cívicamente moral.

Según nuestras fuentes, Kirchner, irremediablemente, se baja.
Ahora adquiere mayor solidez el proyecto utópico de rajarse. Atenuado, por ejemplo hoy, con el caramelo de madera que significa la virtual candidatura, ilusoriamente presidencial, de la señora Cristina.
La socia conyugal, en el fondo de comercio del poder.
Sin embargo, a la señora Cristina no le dan, ni por aproximación, los números.
Para la rigurosa Consultora Oximoron, a ella no le sube el agua al tanque, más allá de los 30 puntos.
Tiene, hasta hoy, 27. Con graves descensos térmicos.

La instalación temática de la huída presidencial, constituye un desafío para obligarlo, al Estadista, a quedarse. Aquí irrumpe el secreto de la perversidad.
Para que el Estadista asuma, frontalmente, las consecuencias de los “desastres seriales de su gobierno trivial”.
De ningún modo, la vacante que en octubre próximo se abre, en el máximo nivel, podrá ser ocupada por semejante nepotismo del primer tipo.
Ni él ni ella. Ni Néstor ni Cristina.
El kirchnerismo se agota. Antes de la liquidación de saldos y retazos del próximo invierno.

Medialunas y tazas

Se asiste, en el inicio de la liquidación, a la apertura del juego de las expectativas.
Los discursos de servicio deben ajustarse a las diferentes estrategias personales de acomodarse. De menor a mayor.
El furor por quedarse con las diputaciones se registra, para colmo, en el período de mayor irrelevancia política de la historia del parlamento argentino.
Sin embargo, los parlamentarios, que participan humanamente de la inconcebible declinación, mantienen, por lo general, una cosmovisión excesivamente edulcorada de sus propias aportaciones.
Por lo tanto, se registra cierta lúdica falta de armonía. Una distancia para ser negociada con la fuerza del “efectivo”, y con las sutilezas de la “muñeca”.
Un cotejo entre los que se resisten, al proyecto escatológico de irse, contra los abnegados que proponen sus merecimientos, suficientemente “efectivos”, para ingresar.

Ocurre la pugna, después de todo, pintoresca. Entre los obstinados que quieren renovar las bancas que se les vencen, en el 2007, porque consideran que no los alcanza el antidiabolismo contenedor de San Miguel Arcángel. Contra el entusiasmo de los que vienen con la medialuna enarbolada. Para mojarla, e ingresar.
No hay existencia de tazas para la demanda de tantas medialunas.
Para colmo, cada prócer que alcanza a mojarla, en general, vuelca la taza. Para que no moje la medialuna del otro.

La problemática descripta abarca a la totalidad de las provincias. Pero encuentra una estoica conmoción en el Artificio Metropolitano de Buenos Aires.
Trátase de la imposibilidad del raciocinio institucional, vertebrado como consecuencia de las peores esquirlas de la Convención Constituyente de 1994. A tratarse en los próximos despachos.

Fuegos artificiales a mediodía

En la provincia de Buenos Aires hay tanta ansiedad que se encienden los fuegos artificiales a mediodía.
Cada vez que la provincia de Buenos Aires pasa al primer plano, tiembla escandalosamente la irregularidad de la nación.
En la Argentina condenada a “Cien años de Truchedad”, Felipe Solá supera, en materia de imaginación, al García Márquez de Colombia. Alcanza registros envidiablemente heroicos.
Con la epopeya del gobernador, que decide bajarse de una candidatura a la que nunca debió haberse subido.

Solá es un campeón. Tocado adversamente por la contundencia del San Miguel Arcángel, decide anunciar que desiste de buscar aquello para lo cual carecía de derechos.
Porque se encontraba expresamente inhabilitado.
Contaba con la saludable audacia del impulso. Sin posibilidades racionales de lograr el objetivo.
Como si el cronista, Oberdán Rocamora, anunciara, desde el Portal, que desiste del proyecto de conquistar a Nicole Kidman.

Sin embargo, al apartarse de la idea de aspirar, a aquello que no le correspondía, Solá genera insólitos protagonismos de portada.
Al desistir de Nicole Kidman, el gobernador, vagamente deprimido, desata una catarata de aspiraciones. Las que aceleran el deterioro del proceso que puede arrastrar, otra vez, a la república.
El dramatismo natural, improbablemente analizado, de la provincia de Buenos Aires, irrumpe con las secuelas del fervoroso desorden.
Hasta llevarse puesto, otra vez, en su vértigo, a lo que queda del cuerpo de la nación.
Con estos códigos de interpretación, puede subrayarse que Kirchner puede parecerse bastante a De la Rúa. Por su promisoria, aunque creciente, debilidad, para profundizarse en los próximos despachos.

Dos titanes para Nicole Kidman

Es interminable la fila de candidatos anotados, para la utopía de seducir a Nicole Kidman.
Es decir, de gobernar la riquísima provincia, estructuralmente inviable.
De todos modos, sólo puede registrarse, desde el oficialismo que se derrumba, la consistente legitimidad de dos titanes anotados.

Trátase de dos duhaldistas bastante usados. Aunque reacondicionados. Y con ambiciones de mayor rodaje por delante.
Aníbal Fernández, en principio.
Y nuestro campeón del “Torneo Tweety Carrario”. El crédito del Portal. Por lo tanto cuesta la objetividad analítica. El Tweety Pampuro.
A propósito, Consultora Oximoron nos informa que el Aníbal araña apenas los 11 puntos.
Y que Pampuro no pasa los 4. Aunque fueron medidos antes que San Miguel Arcángel acabara con los caprichitos de Felipe Solá. Quien tenía, en realidad, 18 puntos. Sólo uno más, en aquella medición, que Blumberg, quien también debe aguardar su turno. Para cuando se trate el rubro Profesionales y Amateurs.

El resto de aspirantes manoseados, desde Balestrini hasta Alak, mantiene apenas el destino de relleno. Desde el meritorio Massa, hasta el enojado Randazzo, que merecen su propio saldito, para tratar aparte.

Los dos titanes para montarse a Nicole son Aníbal y el Tweety Pampuro. Ellos oportunamente clavaron la garrocha para saltar, a tiempo, desde las quintas con spa del duhaldismo.
Ambos, Aníbal y el Tweety, cuentan hoy, para catapultarse, con la fuerza indiscutible que les proporciona Kirchner.
Por lo tanto están condenados, porque cuentan también con los devaneos furtivos de su debilidad.

Aníbal y el Tweety Pampuro se encuentran atados a la “estrella del César” Kirchner. Justamente cuando la estrella, devaluada, amenaza con pulverizarse.
Con “destellos opacos”, agregan, Analía Graciela y Rosendo Aurelio, dos máximos responsables de la Consultora Oximoron.

Las paradojas de Aníbal

Aníbal se sumerge entre la proliferación de las paradojas que lo cercan.
Primera: para que sea tomado en serio como candidato, Aníbal Fernández tendría que dar el ejemplo cívico y jugar fuerte. Por ejemplo renunciar, a más tardar a fin de año, al Ministerio del Interior.
Sin embargo, si renuncia al poder de fuego que emana del ministerio, nadie lo va a tomar, como candidato, en serio.

Segunda paradoja: Aníbal basa su legitimidad en el conocimiento minucioso del negocio del peronismo. En su capacidad de armado. Y en el conocimiento individual de cada uno de los capitanes de los distritos.
Aquí también radica, precisamente, su principal vulnerabilidad.
Porque lo último que quiere Kirchner es tener alguien, en la principal provincia electoral, con capacidad de juego propio.
Es decir, si Kirchner se mantiene fuerte, nunca lo va a designar, como su candidato, al Aníbal.
Y si Kirchner, como aquí se pronostica, se desvanece, como un bloque de manteca en el asfalto, el Aníbal no podrá postularse, siquiera, a la presidencia de Quilmes.
Club condenado, para colmo, al descenso de la B.

El encanto de la irrelevancia

El Tweety Pampuro, en cambio, arranca con el discreto encanto de la irrelevancia. Le juega a favor.
Si Kirchner sobrevive, al impacto negativo, del San Miguel Arcángel, y se come el amague del Portal y decide seguirla, Pampuro puede convertirse en su candidato ideal.
Sin embargo como Kirchner se baja, y se raja, el pobre Tweety Pampuro sólo podrá continuar con el diezmo de la ganga senatorial.
Y tendrá, en adelante, que esmerarse en la elaboración de los más deliciosos mates con sacarina. Cebados, otra vez, para los matreros del duhaldismo envalentonado, que pueden aceptarlo.
Al menos, para humillarlo.
Porque quien no puede quedarse afuera de tratamiento, en la serie, es Duhalde. Que decide referenciarse entre las trampas redituables de la escritura, con el auxilio de Tachuela Verdi. Para proyectarse desde los libros, a los efectos de despedirse eternamente. Como Los Chalchaleros. Desde dónde nunca se fue. La política.

Final con caudillos populares

La gran esperanza de color, entretenimiento y desparpajo, que puede incorporarle cierta alegría a los próximos textos de “Liquidación”, la aportan tres inquietantes caudillos populares. Tres caudillos que llegan a degüello.
Dos pertenecen a la provincia de Barceló y Ruggerito. Y el tercero despunta como el nuevo Jacinto Chiclana de la metrópoli, que hubiera descripto Borges.
Trátase, en principio, del caudillo popular bonarense Pancho de Narváez. Procede de los duros esteros de Las Cañitas.
Y del rudo barbado Carloncho Melconián, que asoma, montado en un alazán, en el amanecer del horizonte de Cañuelas, con sed justiciera.
Y Jorgito Pereyra de Olazábal, el númen referencial del olazabalismo en proyección.

O.R., J.V.D.R y C.O. (Consultora Oximoron)
Copyright by JorgeAsísDigital Continuará, permanezca conectado. 

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